viernes, 26 de julio de 2013

Entre todo lo que vivimos me enseñaste a amarte siendo libre y a saber que mereces la bella ayuda del viento para extender tu vela y ser un ángel de luz. Vuela sin mí pequeña, yo estaré bien.

domingo, 30 de diciembre de 2012

AHORA

Ahora que el miedo ha dejado de ser mi trampa
en este instante en el que las calles se vacían para amarnos
hoy cuando la luna esconde el sol tras sus besos
quiero desear que exista la eternidad.

Mi tristeza ha muerto tras el otro amanecer
los huesos ya no pesan en las sábanas
el aire envuelve todo hasta lo que no puede ser
las palabras ya no son arena.

Quiero que te quedes para siempre
perderme cada noche en tu mirada
esconderme en tu piel
contenerte hasta dejar de ser dos.

Yo que no creía en las promesas
deseo pedirte un favor
llévame contigo a donde vayas
llévame contigo hasta el final.

martes, 12 de junio de 2012

V

No sé porqué dicen que recordar es vivir petite Li, sí a mí me están matando estos recuerdos; sobretodo después de tu ausencia. Ya no es fácil sentarse a revivir los momentos, pensar en los días más felices y tejer esperanzas acunadas en el aire de los días. Ahora, mi corazón se torna esquivo, no conoce la esperanza y ya no espera a que vengas a mí.
En algún lugar de mi mente permanecen los momentos, plasmados, detenidos, casi tan vívidos como entonces, y no hace falta más que un pequeño soplo, los pasos de alguien por la plaza, la música de fondo de algún bar; para que yo los reviva, los sienta presentes y me detenga en este instante de mi vida, a contemplar lo perdido, a reconstruir lo pasado.
A veces quisiera que el ruido de los días se detuviera y mi corazón dejara de latir, me gustaría volar tan lejos como tantas estrellas pueda cruzar mi cuerpo convertido en una nube lírica de polvo y llegar a ese lugar del universo en el cual se guardan los tiempos. Debe ser un lugar extraño, algo como una biblioteca que tiene miles de textos; pero aquí, cada libro trae las imágenes de un momento en tu vida, el que quieras, el que decidas ver, y puedes entrar en él como en una gota de agua, para ser nuevamente protagonista de las voces, los pasos, los versos y sobretodo los besos, nuestros más dulces besos.
Me imagino que allí no habrá tiempo y como amo repetir tanto las cosas que me gustan, viviría de repetición en repetición, como cuando escucho mis canciones favoritas o aquellas que me recitan tu nombre. Sobretodo aquella que habla de la huella indeleble que dejaste en mi vida, del ahogo que me queda en los mares de tu partida.
No puedo ser tu amiga, no se puede tener una simple amistad con alguien a quien pusiste en tus planes a futuro, a quien le preguntabas cuando viviría otra vez contigo, a quien invitaste a tu mundo como forma de sentirte amada. No puedo, porque me duele saberte en otros brazos, saber que no volverás y saber que me amas y me odias tanto como para sacarme de tu vida y no querer que me vaya. Estarás bien petite Li, estarás bien sin mí. Adieu mon coeur.

martes, 1 de mayo de 2012

UN ÁNGEL PARA MÍ


De vivir en el suelo ya me cansé,
las hojas que volaron sin alas
me persiguen intentando asustarme.

En la orilla de ese amor se quedaron tantos momentos,
y caminé hasta deshacer los pasos,
pero la estrella que se movió aquella noche
dejo de brillar cuando susurraste otro nombre.

Los días se conmovieron con mi llanto
y el arco de la alianza prohibió mi entrada.

Ahora busco una esperanza
deposito las apuestas en un giro conveniente,
no quiero que me teman los pañuelos
he decidido al fin mirar sin miedo.

Alguien como yo merece un ángel
que no sea una promesa,
que se quede para siempre, me cubra con sus alas
y aleje al fin de mí esta agonía.

PUNTOS PARA LAS HERIDAS


La escritura del olvido pertenece a los ángeles,
dicen que primero se debe sentir un puño en el corazón
para sacar los sueños más asiduos;
al pasar ese primer dolor,
los recuerdos dejan de tejerse en la memoria
y uno que otro encuentro comienza a cultivar la esperanza.

Las lágrimas no siempre son las mejores invitadas,
pero dicen, los que saben, que nada se saca del alma
sin esa música celestial de la sabia que emerge por los ojos.

Después hay que escuchar aquellos temas de fondo,
las pistas que adornaban los momentos,
para afinar el oído al primer rumor de la mañana
y saber que tres pasos sobre las hojas secas,
siempre son el anuncio de un buen adiós.

El día en que menos lo quieras,
la amnésica magia te hace oír su voz diferente;
ya no sientes ese sufrimiento en las mañanas
y la aurora boreal comienza a tocar tu piel.

ANDA DANDO VUELTAS


Te amo secretamente
en cada verso que escribo
en cada hoja que rayo intentando un poema.

Te amo con las sombras
en medio de la lírica
en la liviana poesía
en las palabras que tejes para mí
en el ángulo perfecto del sol saliendo por tu oriente.

Te amo con una suave brisa
con las maletas en la puerta
soñando con leerte en mi umbral
soñando con conocerte en esta primavera.

Abres para mí la esperanza
el sueño del milagro;
el abril del encantamiento
la voz que se anhela en el desvelo.

Circunda mi sorpresa.

jueves, 14 de abril de 2011

II


Después de Paulo, Manuela vivía su soledad al lado de Rosaura y se juraba a sí misma, porque a Rosaura no tenía que prometerle nada, que no volvería a amar. Un 17 de Enero lo había conocido, era un joven que llegaba a vivir con ambas en un arrebato de locura por eso de empezar la carrera de su vida y ser lo que su padre siempre había querido que fuera.
Los ojos de Paulo eran pequeños y tenían la sinceridad de un niño que había vivido poco. Manuela trataba de apartarse de él, quizá porque intuía el desorden que ese chiquillo traería a su monótona, sola, pero tranquila vida.
Un día mientras ambos almorzaban, Manuela contempló la simplicidad del pequeño Paulo mientras jugaba a las carreras con ella. Volteó la mirada pero inevitablemente él se dio cuenta de su curiosidad. En tono de reto y con un poco de malicia infantil le dijo –le gané Manuela- a lo que ella respondió con un gesto indiferente.
En menos de lo que Manuela pudo comprender, comenzó a caminar con Paulo por las calles, a recorrer ese parque que tanto le gustaba y en el que siempre iba a leer su destino. Los días de aquel mayo se volvieron dulces, limpios, llenos de risas y certezas.
“Te amo” era constante entre besos y abrazos, y el dulce humor de Paulo llenaba de infantiles sueños los motivos de Manuela. Se aferraba a la certeza de un amor que ante todo era entrega. Paulo se robaba sus besos, sus miedos, vencía la oscuridad de sus tristezas y le daba alas a sus percepciones intuitivas del alma.
Una mujer tan infinita como Manuela, no podía amar con límites normales, por eso en su afán de dar amor nunca se limitaba por la falta de madurez de aquel pequeño Paulo. Lo amaba intensamente y por eso Paulo llegó a ser sol, lo que inevitablemente la hizo apostar todo para establecer algo profundo, sincero y duradero con él.
Rosaura jamás criticó aquella forma de actuar en Manuela, porque sabía que por su naturaleza era una mujer de entregas totales, que no necesitaba mayor certeza que la de su propio corazón dispuesto a todo para luchar por algo o por alguien. Más de una vez le limpió sus lágrimas con la camisa de dormir y la abrazo tan fuerte que le impidió sentirse sola en esa decisión.
Como no amar a un pequeño lucero matutino que sonreía con toda la trasparencia de un arroyo y contenía en sus palabras la sabiduría de quién sabe cuántos ancestros.
Al fin después de tantos intentos se fueron a vivir a la vieja ciudad de la que venía Paulo. Construyeron un jardín con sueños de hijos, atardeceres enredados contándose cuentos y fascículos de la vida juntos. El desierto de aquella ciudad, calmaba un poco la ansiedad de Manuela, pero también doblegaba su espíritu y la hacía perder sus ideales. Entre soles de mediodía y gritos de mercado, fue perdiendo su esencia, a lo que se sumó la intromisión de los parientes de Paulo en los asuntos que solo eran de ambos.
Cuando ya el cansancio había vencido su amor, Manuela, tomó la decisión de irse, aún sabiendo que con su partida se iba la vida de Paulo, el sueño de tener una familia y tantas cosas tan lindas que ambos se habían prometido. No fue fácil hacerlo, pero su corazón no aguantaba tanto peso y el hecho de llevar sola la responsabilidad de esa unión.
Nunca se dijo nada, como en un complejo acuerdo con la memoria de olvidar lo pactado y no pasar por una desenfrenada búsqueda de curas para su mal de amores. Ahora Manuela, no hacía duelos de lo perdido y solo se sostenía en sus propias convicciones para no caer en falsas torturas y desilusiones.
Sin embargo, con la llegada de Carlos, su tristeza inevitablemente reapareció. Comenzó a sospechar de su falta de juicio para lograr trazar una vida junto a alguien y se culpó mil veces, aunque sabía que con eso no sanaba sus heridas, de aquella inevitable separación que sufrió con Paulo. Se preguntó tantas veces si su infinita esencia no era también su infinita soledad y la responsable de no haber podido concretar algo con alguien a quien tanto amaba.
Algunos sentimientos crecen en el fondo del corazón y lo inundan todo, las ventanas, las sábanas, los pasos en las ciudades, las esquinas de los puertos… y eso no puede detenerlo ni siquiera la más firme promesa de no volverse a enamorar. Por eso, comenzó a escribir las cartas que no había hecho para Paulo y decidió explicarle el origen de su adiós. Carlos le movía tanto el alma que ella sabía que no podía amarlo simplemente como algo pasajero, por eso iniciaba al fin ese proceso de reparación que había dejado pendiente por aquello de: los sueños que no se cumplen nos van haciendo más fuertes, más sabios, más etéreos.
Así Manuela, en medio de fugaces intentos de no perder más su razón y esperanza. escribió la primera frase para Paulo, “Petite Li, no llores más, la vida es un dolor profundo, el amor es una lágrima constante y la ilusión, siempre es ilusión”.